Entonces la habitación se tambaleó, quizás el techo se estaba derrumbando sobre mis hombros o quizás, era que, mi gran cuerpo se estaba cansando de soportar tantas heridas, de aquellas que se ven y esas otras, que están mucho más adheridas a mí. Abiertas, recientes, ardiendo como el fuego, quemando.